La cochinilla algodonosa o cotonet (Planoccocus citri) es una de las plagas más temidas por los cultivadores de cítricos. Se alimentan de la savia de las plantas y el exceso de azúcares que absorben es secretado en forma de melaza. Como consecuencia, se desarrolla el hongo negrilla, que afecta a la fotosíntesis y da un aspecto oscuro y pegajoso a la fruta, que deja de ser comercializable.

Los machos de cochinillas algodonosas rara vez se ven en los cultivos. Son las hembras las que tienden a vivir en grupos en partes protegidas de las plantas, como las axilas de las hojas o bajo la corteza suelta. Están cubiertas de una secreción cerosa de color blanco, lo que las hace difíciles de controlar con tratamientos químicos. ¿La alternativa? El control biológico de plagas y, más concretamente, Anagyrus pseudococci.

Se trata de una pequeña avispa parasitoide de varias especies de cochinillas. Las hembras de Anagyrus depositan sus huevos en el interior de las hembras de cotonet, donde se desarrollan las larvas consumiendo completamente a la cochinilla hasta formar momias, de la que salen nuevos adultos que continúan parasitando.

Los adultos de Anagyrus tienen una longevidad de 30 o 40 días y las hembras ponen una media de 45 huevos. Las primeras momias pueden observarse a las dos o tres primeras semanas desde la introducción del parasitoide.

La capacidad de búsqueda de Anagyrus es muy elevada y, por tanto, actúa incluso con bajos niveles de infestación, por lo que puede utilizarse en introducciones tempranas en campo abierto desde primavera. No obstante, desde el equipo técnico de SP Soluciones Agrícolas recomiendan una dosis de 1.500-2.500 insectos por hectárea divididas en dos sueltas. La primera de ellas tendría lugar durante la primera quincena de junio.